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Iglesia de San Bartolomé de Aldeacueva

Karranza Harana-Valle de Carranza - Arquitectura religiosa - Iglesias

La iglesia de Aldeacueva recoge, a finales del siglo XVIII una propuesta extraña, a medio camino entre un Barroco contenido de tradición escurialense y un Neoclasicismo aún no del todo asimilado en los aspectos formales aunque sí en su concepción espacial. La obra es fruto de la aportación económica de D. Pedro Negrete, vecino de México y oriundo de Aldeacueva, a imagen del templo de San Miguel de México. Las trazas son del académico Juan Milla que adecuó la traza barroca de la iglesia de San Miguel (1690-1714) a los nuevos gustos del momento. Es un edificio de grandes dimensiones que se organiza en una planta centrada, resuelta en forma de cruz griega inscrita en un rectángulo. La fachada es una gran pantalla arquitectónica en torno a un arco de medio punto entre pilastras gigantes que acoge el ingreso adintelado y rematada en frontón recto con tímpano liso. Está flanqueada por dos torres que se coronan con pináculos de bolas poco airosos.

 

Créditos

Texto: Ana Isabel Leis Álava Planos: Productora Bilbaina de Proyectos, S.L. Fotografías: Miguel A. Nuño

Acceso

Desde el ayuntamiento seguiremos el desvío indicado Lanzas Agudas. Enseguida tomaremos un nuevo desvío a la derecha en dirección al barrio de Aldeacueva.

Horario

Se encuentra cerrada habitualmente. Las llaves se localizan en la casa cural.

Localización

Barrio de Aldeacueva.

Información

Localizada en el barrio de Aldeacueva, en el valle de Carranza, es un edificio de grandes dimensiones que se organiza en una planta centrada, resuelta en forma de cruz griega inscrita en un rectángulo, más otros cuatro espacios en las esquinas y sacristía alineada con el ábside. A los pies se encaja el coro, en alto, entre estancias que sirven de paso a las escaleras de acceso a las torres que flanquean las fachadas.

Soportan el edificio pilares frenteados por pilastras del orden toscano, que sostienen un entablamento dórico con friso liso y una resuelta cornisa corrida y quebrada. Estos elementos estructurales se aparejan en sillería, magníficamente labrada, mientras que el resto de los muros se enfoscan, ocultando aparejos más pobres. La bóveda generada es de dos tipos: una cúpula ciega en el crucero y cañones en el resto de las estancias.

Al exterior se aprecia claramente la rígida composición modular de sus volúmenes, al trasdosarse los espacios interiores en rotundos prismas cúbicos, escalonados hacia el tramo del crucero.

La fachada es una gran pantalla arquitectónica en torno a un arco de medio punto entre pilastras gigantes que acoge el ingreso adintelado y rematada en frontón recto con tímpano liso. Está flanqueada por dos torres que se coronan con pináculos de bolas poco airosos.

La iglesia de Aldeacueva recoge, a finales del siglo XVIII, una propuesta extraña, a medio camino entre un barroco contenido de tradición escurialense y un neoclasicismo aún no del todo asimilado en los aspectos formales aunque sí en su concepción espacial. A El Escorial nos remiten los moldurajes, los basamentos, los enmarques y, sobre todo, la fachada principal, que evoca obras propias de los seguidores del arquitecto Juan de Herrera (autor del Escorial) en la meseta castellana. Más moderna es la propuesta del ábside, en el que se abre un nichal para la imagen del titular en arco de medio punto recorrido por una guirnalda, entre columnas dóricas acanaladas. El ambiente aquí creado es glacial, neoclásico, más vanguardista que el resto.

Esta indefinición estilística puede entenderse conociendo las circunstancias históricas de su construcción. Pedro Negrete, vecino de México y oriundo de Aldeacueva, quería levantar en su pueblo un templo a imagen del de San Miguel de México. Para ello envió una cuantiosa suma económica con la que el cabildo de la iglesia inició la construcción encargando los planos para el nuevo templo al académico Juan Milla, que los entregó en 1789. Este tracista era delineante del famoso arquitecto Juan de Villanueva, artista de transición hacia el neoclasicismo y muy afecto a la tradición clasicista del siglo XVII, de la que El Escorial es su principal exponente. La difícil misión de Milla en Aldeacueva fue adecuar la traza barroca de la iglesia de San Miguel (1690-1714) a los nuevos gustos del momento. Los encargados de la obra fueron el arquitecto Antonio Vierna, natural de la Trasmiera y el cantero, también montañés, Francisco Sierra.

Respecto del mobiliario, lo más interesante es la historia del martirio de San Bartolomé, obra incompleta, en madera, ejecutada por el escultor madrileño Guerra el año 1891. Es de reseñar también un lienzo moderno de la Virgen de Guadalupe.
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