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Iglesia vieja de Biañez

Karranza Harana-Valle de Carranza - Arquitectura religiosa - Iglesias

Se trata de un edificio datable entre los siglos XV-XVI, en estilo propio del territorio. En él cabe destacar los siguientes elementos: su portada gótica apuntada, la bóveda de crucería gótica que cubre la cabecera y los vanos que se abren en ésta. Pero el elemento que confiere mayor singularidad al conjunto es el fingido retablo pintado del testero, ejemplo infrecuente dentro del patrimonio regional. En él se desarrolla un amplio programa descriptivo de escenas extraídas de La Pasión. Es, esencialmente pintura dibujística, con colores blancos, negros y rojos no demasiado matizados y un estilo, en general, algo tosco. Fechable hacia 1535-1540.

 

Créditos

Texto: Jose Ángel Barrio Loza

Acceso

Una vez dentro del municipio de Carranza por la BI-630, al llegar al barrio de El Callejo, tomaremos un desvío a la derecha que nos conducirá al barrio de Biañez. La iglesia se encuentra a la izquierda de la vía, junto al cementerio.

Horario

Habitualmente cerrada, las llaves se localizan en el ayuntamiento.

Localización

Barrio de Biañez.

Información

San Andrés de Biañez es una feligresía del Valle de Carranza (Bizkaia). Hasta que en 1885 se inaugurase un conjunto de iglesia nueva y escuelas por iniciativa de un benefactor, D. Romualdo Chávarri, tuvo su sede en el templo aquí descrito, que fue relegado desde entonces a capilla del cementerio.

Deben entenderse dos partes en la iglesia vieja de Biañez: la cabecera y la nave. Esta, carece de bóveda, pero recoge un elemento de interés: su portada gótica apuntada, sin concesiones a la decoración. La cabecera, más alta, es un volumen cúbico acontrafuertado para contrarrestar la presión de la bóveda, que es un sistema de crucería gótica, una estrella de cuatro puntas y cinco claves, la central decorada con escudo repintado, ilegible. Hay también en este ambiente dos vanos: en el testero, cegado, se abre un óculo de tracería flamígera muy tupida; el otro, hacia el sur, es una claraboya apuntada y geminada. Todo ello de la frontera entre los siglos XVXVI, en estilo propio del territorio.

Edificio

Ocupando todo el testero plano, se desarrolla un fingido retablo pintado que estaba oculto detrás de un retablo lígneo. Se estructura en banco, rebanco, dos pisos y ático, en tres calles, algo más anchas las laterales, al revés de lo habitual. Definen las calles pilastras poligonales vistas en perspectiva, como los propios entablamentos. Estos últimos llevan decoración vegetal tierna, acantos, animales, etc, y áreas de motivos geométricos.

Esta estructura de retablo simulado aparece recubierta de información gráfica, historias pintadas de la Pasión. Es, por tanto, eminentemente narrativa. Aunque el deterioro es en algún caso apreciable, puede leerse en el banco una figura de santa con un libro, correspondida a la derecha por tres santos más: uno, San Antón con su cayado y un cerdo negro a sus pies; otro es un obispo. En el rebanco llama la atención la insólita dimensión apaisada de la Santa Cena con los comensales dispuestos en forma de friso, con sus cartelas identificatorias encima. La casa de la izquierda es para la Flagelación. En el piso primero, la historia central se reserva al Martirio de San Andrés en la cruz aspada, mientras que a los lados se disponen el Camino del Calvario y el Santo Entierro. El segundo piso tiene a la izquierda la Elevación de la Cruz, al centro el Descendimiento y a la derecha la Quinta Angustia, con el cadáver de Cristo en brazos de María. El ático es para el Calvario completo, incluídas la Magdalena y los ángeles, además de los dos ladrones: el bueno, a la izquierda, con un ángel y el malo, a la derecha, con un animal horrendo, un demonio. Aparte, como ocurre en los retablos de madera de la época, pueden verse estacionadas en las pilastras, figurillas pintadas de santos protectores y sanadores como Santa Lucía, Santa Águeda, San Sebastián...

Mobiliario

Restauradas las pinturas por la Diputación Foral en 1993, desde el primer momento se apreció en ellas el valor de lo exótico por lo poco frecuentes, entonces, en el patrimonio regional. Llama la atención asimismo el amplio programa (unos 90 mts. cuadrados pintados). Por lo demás, las pinturas son ingenuas y frontales, mejores en cuanto a idea que a ejecución, pero cumplen perfectamente con su función devocional. Es, esencialmente pintura dibujística, con colores blancos, negros y rojos no demasiado matizados. El tosco y anónimo pintor, fechable en Biañez hacia 1535-1540, está al día en caracterizaciones y vestimentas (de soldados y verdugos, que recuerdan la moda del reinado de Carlos I), así como en decoración (ya renacentista), pero hay aspectos en que se comporta como un artífice gótico, igual que otros varios del momento en la región, la cual está viendo como se enriquece sustancialmente su catálogo de pinturas murales de carácter religioso.
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