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Figuras grabadas de la cueva de Venta Laperra

Karranza Harana-Valle de Carranza - Yacimiento arqueológico

La Cueva de Venta Laperra fue ocupada durante el Paleolítico Medio y en los comienzos del Paleolítico Superior por bandas de cazadores-recolectores que explotaron los recursos naturales de la zona. Tras un largo periodo de desocupación, fue utilizada como lugar de enterramiento por grupos de pastores, que son los que construyeron también los dólmenes de Carranza. Fue en los comienzos del Paleolítico Superior, en torno a 25.000 a. C. aprox., cuando fueron grabadas las figuras (cuatro figuras de bisonte y una de oso, además de otras formas de difícil identificación). Todas ellas están representadas de manera esquemática y se localizan en la zona de habitación de la cueva. Estudios recientes permiten suponer que cada una de las figuras fue ejecutada por un autor diferente.

 

Créditos

Texto: Juan M. Apellaniz

Acceso

Deberemos seguir la carretera BI-630 que atraviesa el valle de Carranza en dirección a Cantabria. Justo en la frontera entre ambos territorios se localizan las cuevas.

Horario

Acceso restringido a investigadores.

Localización

Barrio La Cadena.

Información

La cueva de Venta Laperra se abre a media altura de la escarpada ladera septentrional del Pico Mirón, del valle por cuyo fondo discurre el río Carranza.

Fue ocupada durante el Paleolítico Medio (cultura musteriense, entre 95.000 y 35.000 a.C. aprox.) y en los comienzos del Paleolítico Superior (cultura auriñaciense, entre 25.000 y 20.000 a.C. aprox.) por bandas de cazadoresrecolectores, que explotaron los recursos naturales de la zona (pedernal, vegetales y caza, sobre todo de cabra y sarrio). Tras un largo periodo de desocupación, fue utilizada como lugar de enterramiento por grupos de pastores (cultura calcolítica, entre 3.000 y 1.800 a. C. aprox.), que construyeron también los dólmenes de Carranza.

Fue en los comienzos del Paleolítico Superior, en torno a 25.000 a. C. aprox., a juzgar por la técnica empleada, la cultura de la ocupación y las fechas obtenidas por luminiscencia, cuando fueron grabadas las figuras. Con ellas, el lugar laico de habitación quedó convertido también en santuario, si suponemos, lo que es más probable, que tuvieran una función simbólica y no sólo decorativa.

Fueron grabadas cuatro figuras de bisonte y una de oso, además de algunos surcos, cuyas formas, aunque son semejantes a algunas de los bisontes, no pueden interpretarse con seguridad como tales.

Sobre las rugosidades de la pared izquierda (entrando) fue grabado un contorno de bisonte compuesto por una poderosa giba que cae bruscamente sobre un lomo horizontal, a cuyo extremo se alza una rígida cola doblada en ángulo. Al contorno dorsal se añade una nalga aguda y una pierna rectilínea que, eliminando el corvejón, describe el arranque de la caña. El vientre, del que se ha suprimido el inguinal, está diseñado también en ángulo entrante por dos líneas convergentes, al extremo de una de las cuales se inicia el arranque del codillo.

En la misma pared y enfrentado por el tren trasero hay otro bisonte, al que faltan parte de la giba y del vientre, igualmente esquemático, pero de formas redondeadas.

En la pared derecha hay otro bisonte, tan esquemático como los anteriores, al que se le ha eliminado la cola, pero añadido una mano. Su manera de esquematizar no es tan angulosa como la del primero ni tan redondeada como la del segundo.

En un extraplomo del fondo de la pared derecha se ve un oso, al que faltan el vientre y la pierna, pero que incluye detalles como el ojo y las garras de la mano. La figura está muy desproporcionada, en parte debido a que el contorno dorsal y la pata están muy separadas y no orientadas entre sí, de manera que reflejan una manera de ensamblar las partes y proporcionarlas completamente distinta de la de los anteriores.

Todas las figuras están representadas de una manera esquemática, de modo que, además de estar incompletas, sus formas tienden a eliminar en lo posible la modulación de los contornos naturales.

La técnica del grabado es común a todas. Se comienza por diseñar un boceto piqueteando la pared con un cincel, para después repasar lo piqueteado hasta dejar terminado el surco.

Estudios recientes han reproducido sobre la misma roca las formas y el procedimiento del grabado de las figuras y han llegado a la conclusión de que, con toda probabilidad, cada una de las figuras fue ejecutada por un autor diferente. Esta conclusión está apoyada en las grandes diferencias sistemáticas de anchura, profundidad, declinación y grado de repasado de las diferentes partes de la figura, así como de las formas de las conexiones entre líneas. A ello se añade la diferencia en la práctica del gusto por el esquematismo.

Otras cuevas de Cantabria (Hornos de la Peña, Chufín) y de Asturias (Laviña) también tienen sus santuarios situados en la zona de habitación, diferenciándose en ello de la mayoría, en la que se encuentran en lugares profundos a donde no llega la luz solar y de acceso frecuentemente muy difícil.
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