Bizkaikoa.bizkaia.eus utiliza cookies propias y de terceros para mejorar el servicio y obtener información estadística sobre los hábitos de navegación. Si continua navegando, se considera que acepta su uso. Para más información, consulte el apartado Cookies

Logo de la Diputación
 

Aduana

Urduña-Orduña - Arquitectura religiosa

El edificio de la Aduana de Orduña responde bien a unas necesidades funcionales, y además resulta ser elemento muy monumental y noble dentro del patrimonio de Bizkaia, aparte de excepcional en el aspecto tipológico. Ocupa un lado de la Plaza de los Fueros, insertándose en su circuito porticado. Es un edificio grande, de tres alturas, con una más de entreplanta, todo ello de sillería y mampuesto calizos, que resulta poroso debido al elevado número de vanos abiertos por sus fachadas. El conjunto se articula en torno a un amplio patio central. La Aduana tiene fecha, pero aún sigue buscando autor. La fecha la proporciona una inscripción que hay en el interior, y al arquitecto se le ha querido indentificar en el guipuzcoano Manuel de Carrera quien, dirige la obra de 1787 a 1792, entre los reinados de Carlos III y Carlos IV. Pero no hay constancia de quién sea el autor de los planos y proyecto en general, aunque se ha apuntado hacia el arquitecto vitoriano Justo Antonio de Olaguíbel.

 

Créditos

Texto: Jose Ángel Barrio Loza Planos: Productora Bilbaina de Proeyectos, S.L. Fotografías: Fernando Bartolomé Colección Robina

Acceso

La Plaza de los Fueros es el espacio donde confluyen todas las calles de Orduña.

Horario

El interior no es visitable.

Localización

Plaza de los Fueros, 15.

Información

La Corona de Castilla establecía en puntos estratégicos, cerca de la costa, instalaciones denominadas aduanas. Tenían las aduanas función fiscal y eran oficinas públicas donde se registraban los géneros y mercancías en tránsito que se importaban y exportaban, en este caso por los puertos de Bizkaia. Tanto Orduña como Balmaseda, donde hubo otra oficina de este tipo, se consideraban puntos estratégicos en la red de caminos de la época en que estuvieron vigentes las aduanas.

Los edificios de las aduanas revestían cierta complejidad porque, aparte de la oficina de registro, había que considerar los espacios destinados para almacén transitorio de las mercancías -como si fuera una alhóndiga- y la propia vivienda del administrador, que así se llamaba el oficial que las regía.

La de Orduña responde bien a estas necesidades funcionales, y además resulta ser elemento muy monumental y noble, aparte de excepcional en el aspecto tipológico, dentro del patrimonio de Bizkaia.

Seguramente exigido por las ordenanzas de la ciudad, hubo de plantearse un edificio porticado en sintonía con los demás que conforman la plaza de los Fueros, incluida la que fue iglesia del Colegio de los Jesuitas. Las plazas para el mercado eran en todas partes, y desde luego en Castilla, porticadas, y pórticos eran exigidos a los edificios que se asomaran a ellas.

La Aduana ocupa un lado de la plaza, y es una masa construida grande, de tres alturas, con una más de entreplanta, labrada en sillería y mampuesto calizos. Por la parte de la fachada tiene trece tramos, definidos los ejes por abajo por los arcos de medio punto del soportal y por arriba por las ventanas, fenestraje adintelado con frontoncillos rectos en la planta noble, que es la intermedia. Todo el bloque se enrasa y remata en recto, pero se exceptúan los tres ejes centrales de la fachada, donde la cornisa se quiebra en triángulo, resultando un frontón discreto para un escudo de España que allí se aloja.

Los soportales, por su parte, se abovedan con arista y, perdida su función originaria, siguen constituyendo hoy un espacio de relación muy importante en Orduña. Desde luego, es una de las secuencias porticadas más importantes de Bizkaia, si bien superada por la Plaza Nueva de Bilbao, con sus cuatro crujías.

La Aduana Vieja de Orduña es un edificio de monumentales proporciones que resulta poroso, o sea, no compacto, pues la masa construida circunda un patio descubierto, fundamental elemento de luz, de ventilación y de distribución interna.

Otro valor muy destacable es el urbano, su función urbana en la plaza, planteado como está, en sintonía con ella. Ese valor radica en la prestancia de su apaisada fachada y en la bondad de su pórtico. La monarquía ilustrada siempre sostiene la idea de que lo que se proyecta bajo sus auspicios satisfaga el bien común. Este de Orduña es ejemplo muy preciso.

La Aduana tiene fecha, pero aún sigue buscando autor. La fecha la proporciona una inscripción que hay en el interior, y al arquitecto se le ha querido indentificar en el guipuzcoano Manuel de Carrera quien, aparte de dirigir la obra de 1787 a 1792, entre los reinados de Carlos III y Carlos IV, construía por aquellos años el pórtico de la parroquial de Santa María. Pero no hay constancia de quién sea el autor de los planos y proyecto en general. Probablemente no transita por camino desviado quien ha apuntado hacia Justo Antonio de Olaguíbel, fundamentando su apreciación en el parecido existente entre lo de Orduña y los pórticos de las casas conocidas como Los Arquillos, en Vitoria, pero no hay constancia documental que lo avale. Si así fuera, el arquitecto vitoriano tendría en Orduña uno de los edificios nobles de su catálogo. Perdida en 1833 su función original, hoy día acoge en sus instalaciones un hotel-balneario.
© Bizkaikoa, F.E.E.P. · Mª Díaz de Haro kalea, 11 · Email: bizkaikoa@bizkaia.eus ·