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Calero de San Justo

Zeanuri - Arquitectura residencial - Caserios

El calero de San Justo está situado en la barriada Ozerinmendi de Zeanuri, en medio de un precioso robledal, junto a la ermita en honor a los santos Justo y Pastor y a una fuente. Inactivo desde 1950, en el año 1996 la asociación Ipizki Taldea comenzó las labores para su reconstrucción y recuperación, y hoy en día se pone en funcionamiento cada primer fin de semana del mes de agosto. El calero de San Justo es del tipo conocido como francés, que se caracteriza por estar excavado en una zona de pendiente o contraterreno. El horno tiene forma troncocónica invertida, una profundidad de 4 metros, y un diámetro de 150 centímetros en la parte superior y de 40 centímetros en la inferior. Para obtener la cal se carga el horno con capas alternas de madera y piedra caliza y se enciende por la parte inferior. La cal resultante es vomitada por la boca inferior según se produce la calcinación de la piedra.

 

Créditos

Texto: Jon Urrutxurtu Fotografía: Jon Urrutxurtu

Acceso

Se toma la carretera vecinal de Ozerinmendi, situada a mano derecha a la entrada del casco urbano de Zeanuri, viniendo de Bilbao por la N-240. Tras tres kilómetros, esta carretera muere frente a la ermita de San Justo. El calero se encuentra a cien metros de la ermita.

Horario

Se puede ver desde el exterior.

Localización

Barrio Ozerinmendi.

Información

El calero de San Justo está situado en la barriada Ozerinmendi de Zeanuri, en medio de un precioso robledal, junto a la ermita en honor a los santos Justo y Pastor y a una fuente. Bajo el robledal se extiende una amplia campa con mesas y asadores.

El año 1996 la asociación Ipizki Taldea comenzó las labores de reconstrucción y recuperación del calero de San Justo, que se encontraba abandonado desde el año 1950, y lo puso en funcionamiento bajo la dirección de Juan Arana, una de las cuatro personas que elaboró la última hornada de cal en este mismo lugar. Fue aquel año 1950 cuando los hermanos Juan y Julián Arana, y Cándido y Félix Goikuria encendieron el calero por última vez. Mientras Félix y Juan se encargaban de la elaboración de la cal, Cándido y Julián, ayudados por una yunta de bueyes, se responsabilizaban de acarrear la leña y la piedra caliza junto al horno. En total fabricaron 2.000 quintales de cal -100.000 kilos-, que fueron utilizados como abono en las tierras de labranza de ambas familias.

El calero de San Justo es del tipo conocido como francés, que se caracteriza por estar excavado en una zona de pendiente o contraterreno. Este horno, de forma troncocónica invertida, tiene una profundidad de 4 metros, un diámetro de 150 centímetros en la parte superior y de 40 centímetros en la inferior.

Además del horno, los dos elementos necesarios para elaborar la cal son la piedra caliza y el combustible, es decir, la madera.

En primer lugar, se carga el calero de leña y encima se dispone una capa de piedra, de modo que queden tapados los huecos, y se enciende por la boca situada en la parte inferior, o labe-aho. La piedra se va quemando y convirtiéndose en cal. A medida que avanza el proceso de calcinación, se procede a cargar el calero con más combustible y piedra, al mismo tiempo que vomita la cal por la boca inferior.

Este trabajo requería el esfuerzo y la colaboración de un elevado número de personas, por lo que frecuentemente se realizaba de forma comunitaria, auzolan, uniéndose para ello un grupo de caseríos o todas las casas que integraban un barrio, auzo.

La cal era ya utilizada en la Edad Antigua por numerosas civilizaciones, como la egipcia, que la usaba en los embalsamamientos. En la Euskal Herria de la época romana, se conoce su utilización en la construcción, como se puede observar en el acueducto de Lodosa (S. I a. d. C.). Pero es sobre todo a partir de mediados del siglo XVII, al mismo tiempo que se expandió el cultivo del maíz, cuando se produjo la proliferación de los caleros por toda la geografía vasca

La cal era un producto que tenía múltiples aplicaciones. Así, en la construcción, mezclándola con agua y tierra se obtenía el mortero necesario para la construcción de muros y paredes, y combinándola con agua era utilizada para el blanqueado de los caseríos. En la agricultura, cumplía la función de abono de las tierras de labranza, a la vez que eliminaba los insectos perjudiciales para los cultivos. En la ganadería, servía para curar las heridas de las patas de los animales, o como desinfectante de los establos. La utilizaban también como conservante de huevos, introduciendo éstos en la masa obtenida de la mezcla de la cal con agua.

Sin embargo, a medida que avanzaba el siglo XX, incapaces ya de competir con la producción industrial de los abonos químicos y del cemento, los caleros comenzaron a ser abandonados, hasta llegar a desaparecer hacia los años cincuenta.

Desde el año 1996, cada primer fin de semana del mes de agosto, la asociación Ipizki Taldea pone en funcionamiento el calero de San Justo, cuyas obras de rehabilitación han finalizado el año 2002 gracias a la colaboración y patrocinio del Ayuntamiento de Zeanuri y del Departamento de Agricultura de la Diputación Foral de Bizkaia.
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